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Belladona

Entradas de blog

Proyecto viejo, proyecto nuevo

Escrito por Dark_Lord el 03/01/2017
No sé si recordareis que hace unos meses empecé a subir los avances que hacía en el NaNoWriMo con Belladona para dar carpetazo por fin a la historia y olvidarme ya de ella. No cubrí las 50.000 palabras, pero tuvo más de 40.000 y me permitió descubrir cosas nuevas. Me quedó pendiente un pequeño epílogo para cerrar la historia, epílogo que escribí hace nada. No sé que haré con todo esto, tal vez ponga a la venta el PDF y si a alguien le interesa especialmente, podría plantearme imprimirlo en papel. De momento, creo que el borrador lo subiré al grupo de Facebook.
Y ya cerrado esto, estoy con la parte de documentación para el MeInDiCo donde participo con A_Step. Vuelvo a hacer historias de fuera de mi época y cuando eso ocurre, hay que tratar de documentarse lo mejor que uno pueda.

Capítulo 3 - Cambio de planes

Escrito por Dark_Lord el 07/11/2016
Una de las cosas buenas de estar en el centro de Madrid era el tener cualquier cosa a mano. Había oído que hacía un par de años o tres, habían abierto una comisaría de policía justo al lado, en plena estación de Sol, para luchar contra los frecuentes robos que ocurrían en la red de metro o en la de cercanías. El intercambiador era bastante nuevo, hacía no mucho que lo habían construido. Los túneles que unieron Atocha y Nuevos Ministerios pasando por Sol en lugar de por Recoletos habían recibido el simpático nombre de túneles de la risa. La risa se la dio a ella, aquel día que yendo en la línea 6 les tuvieron que desviar, ya que “por causas ajenas a metro”, el servicio estaría interrumpido en más de una hora. Al día siguiente se enteró por las noticias que una de las tuneladoras se había pasado de frenada y había acabado en mitad de las vías de la estación de Nuevos Ministerios. Por fortuna no había pillado a nadie ni se había llevado ningún tren por delante, pero obligaron a más de uno (ella incluida) a tener que inventarse una ruta alternativa. Aun así, no fue el día que más retrasos sufrió a causa del transporte público madrileño. El récord se lo llevó el día que la torre Windsor se incendió misteriosamente y al día siguiente todo el mundo fue por Avenida de América. Atravesar la marabunta de gente que se juntó aquel día en el intercambiador era una completa odisea. Tuvo que hacer el mismo recorrido entre Avenida de América y Moncloa en el bus circular y chuparse todo el atasco del tráfico rodado. Desde luego el transporte público tenía sus ventajas, pero muchos inconvenientes. Últimamente se  planteaba muy seriamente si no le compensaría pillarse un cochecillo. Si viviera y trabajara en Madrid centro, podría apañarse con ese invento nuevo llamado car2go. Pero no era así, y no le salían las cuentas para cogerse un coche, ni siquiera de segunda mano. Así que tendría que seguir tirando de la tarjeta de transporte público y aguantarse con los problemas que se encontrara. Por suerte su empresa era de las pocas en España que se tomaba en serio la conciliación entre la vida laboral y familiar.

La comisaría estaba llena a rebosar. Fácilmente podrían pasarse unas cuantas horas antes de que les tocara el turno. Tiempo de sobra para pensar en qué hacer cuando terminaran de la comisaría. Si tan solo le hubieran quedado unos 6 € que costaría sacar el duplicado de la tarjeta transporte... La misma estación tenía no solo una comisaría, sino una oficina donde podrías gestionar la pérdida de la tarjeta transporte, pedir una nueva y recuperar el saldo. Aunque era muy poco probable que un domingo estuviera abierta, así que tampoco parecía una opción. Pero sin efectivo a mano, ni tarjetas, ni nada, la vuelta a casa estaba complicada.

- Lo siento, chicos. Se fastidió todo. Nos quedamos sin nuestro fantástico día especial.

- ¿Qué vamos a hacer entonces?

- Le diremos a la policía que nos robaron todo. Así podrán anular mis tarjetas y buscar al ladrón. Pero no me queda dinero para volver a casa. Y mucho menos para invitaros a comer, como queríais.

- ¿Por qué te han quitado el bolso?

Esa era una buena pregunta. ¿Por qué? Una de las grandes dificultades de ser madre. Explicar aquellas cosas que, incluso siendo ya adultos, eran realmente difíciles de comprender.

- Hay gente buena y gente mala, eso pasa siempre, en todos lados. La gente buena, intentamos ganar dinero honradamente, trabajando, y educar a nuestros hijos de la mejor forma posible. Pero también hay gente mala que no quiere trabajar y prefiere vivir a costa de los demás. Roban, engañan, hacen daño a los demás. Cada uno elige su propio camino en la vida cielo. Por eso necesitamos a la policía. Para que nos protejan a la gente buena de la gente mala. Igual que yo os castigo cuando os portáis mal, la policía es quien castiga a los adultos que se portan mal.

La situación era complicada. Los minutos pasaban lentamente. El hambre empezaba a apretar. Los pequeños se aburrían esperando. Rosi trataba de tirar de imaginación para conseguir que se estuvieran quietos. No era nada fácil. Incluso ella empezaba a ponerse ya de los nervios.

- Chicos, estaos quietos, que ya os vale.

- ¡Pero es que nos aburrimos!

- Yo también. Pero, ¿sabéis qué podemos hacer?

- ¿Qué? ¿Qué? - contestaron a coro.

- ¡Me inventaré un cuento! Vamos a ver... Érase una vez, en un reino no tan lejano, un rey que tenía una preciosa hija a la que quería un montón. Ella era su mayor tesoro, pues se había quedado viudo.

- ¿Qué es viudo?

- Viudo es alguien a quien se le ha muerto la persona con la que se casó.

- Entonces, ¿la reina murió?

- Sí. Estaba muy malita.

- ¡No me gusta este cuento! ¡Es triste!

- ¡Sí! ¡Muy triste!

- Cierto. Pero en la vida hay cosas tristes y cosas alegres, y hay que vivir con ellas. Y, a veces, las cosas tristes pueden dar lugar a algo mejor.

- ¿Y eso cómo se hace?

- Bueno. Pues verás. Por ejemplo, cuando una mujer se queda embarazada, es algo que parece triste, porque duele mucho, muchísimo. Pero cuando pasa todo ese dolor y ve al precioso bebé nacer y luego como se sus bebés crecen y se convierten en dos niños maravillosos, olvida ese momento de dolor, porque la felicidad que siente al tener a sus hijos es algo que nadie puede explicar. Has de vivirlo por ti mismo.

Así pasaron los minutos, las horas... hasta que por fin les tocó el turno. Puso la correspondiente denuncia. Anuló las tarjetas. Contra toda esperanza, preguntó si se podría hacer algo para atrapar al ladrón o recuperar aunque fuera parte de lo robado. La respuesta del oficial de policía la terminó de desmoronar.

- Mejor que lo olvide. Suelen ser bandas bien organizadas. Rápidos y eficaces.

- Y entonces... ¿para qué tanta cámara de vigilancia?

- Entre el casco y tal será imposible identificarlo con exactitud. Y aunque les atrapáramos, todo esto se consideran hurtos menores. Como mucho les caería una pequeña multa. No dejan de entrar y salir de las comisarías, pasando muy poco tiempo encerrados. Es muy difícil combatirlos, aunque hacemos todo lo que podemos. El único consejo que puedo darle es que llame a su compañía de seguros.

- ¿Qué tiene que ver el seguro con esto?

- Muchas veces se incluyen estos hurtos en el seguro del hogar, aunque el robo sea en la calle. Puede que le den alguna pequeña indemnización.

- ¡Lástima que también fuera el móvil en el bolso! Si no, llamaba ahora mismo. En fin, gracias. Ahora, la odisea de volver a casa sin llevar dinero ni llaves...

El problema de las llaves ya lo había pensado desde hacía rato. Su madre tenía copia en casa por lo que pudiera pasar. Solo tenía que ir hasta allí. Lo único que se le ocurría era coger un taxi y que su madre le dejara algo de efectivo para pagarle ya en destino. A falta de una idea mejor, la puso en práctica. Aquello era el centro de Madrid, no debía costar mucho encontrar un taxi. Lo que le iba a costar cara era la factura. Pero era una situación que no le dejaba mucha opción.

Capítulo 2 - Mañana es Navidad

Escrito por Dark_Lord el 31/10/2016
Sigo con lo de escribir Belladona a ratos. Vamos con el capítulo 2, dando una vuelta por Madrid en Navidad



Madrid era una ciudad frenética ya de por sí, pero en Navidad esa sensación de agobio y de gente por todas partes se incrementaba exponencialmente. Todas las tiendas se ponían de gala. Y si ibas por el centro era aún peor. Pero era donde estaban las mejores tiendas, y le había prometido a sus hijos ir a ver Cortylandia y luego poder sentarse con Papá Nöel. Ir en domingo no es que fuera la idea más brillante del mundo, ya que era cuando iba todo el mundo, pero entre el cole y tal, era el único día de la semana en el que habría tiempo suficiente como para poder ver todo lo que quisieran. Ya el simple viaje en metro hasta la estación de Callao, era algo que los pequeños vivían como toda una aventura. Algún que otro viajero les ofrecía sus asientos, pero lo difícil era conseguir que se estuvieran sentados y tranquilos. Todo lo observaban, lo comentaban. Estaban realmente emocionados por poder ver tiendas, elegir juguetes, pasear por las calles... pero, sobre todo, por poder conocer a Santa Claus.
 - ¡Mamá, mamá! ¿Cuánto queda?
 - 3 estaciones, mi vida.
 - ¿Y en serio podremos conocer al auténtico Santa?
 - Tal vez. A veces está muy ocupado en estas fechas y manda a alguno de sus ayudantes para que ningún niño se quede sin regalos por Navidad. Cada vez hay más niños en el mundo y por esta época tiene mucho trabajo, así que a veces tiene que pedir ayuda a todo el que puede. Pero así se asegura de que nadie se quede sin pedirle nada por Navidad.
 - ¿Y tú que le vas a pedir?
 - ¿Yo? Yo ya tengo mis regalos por anticipado.
 - ¿Ah sí? ¿Y qué te trajo?
 - Vosotros sois mi regalo - dijo, dándoles un beso bien fuerte a cada uno de ellos.
 - Próxima estación: Callao - anunciaron por megafonía. - Correspondencia con: línea 3.
 - ¡Atención, chicos, esta es la nuestra! ¡Y recordad, los dos bien cogidos de mi mano, que aquí hay mucha gente, y no quiero que me deis el susto de mi vida desapareciendo de repente! ¿De acuerdo?
 - ¡Sí, mamá! - contestaron a coro.
Las puertas del metro se abrieron y un buen mogollón de gente salió en tropel, abriéndose paso entre la gente que aguardaba en el andén para ocupar el sitio que acababan de dejar libre. Rosi empezó a plantearse si aquello realmente había sido una buena idea. En su corazón empezaron a brotar dudas y miedos de toda clase. ¿Y si se soltaban de su mano por tan solo un segundo? ¿Y si les perdía de vista? ¿Y si se cruzaba entre tanta gente algún degenerado? La presencia policial era bastante fuerte en las calles, con patrullas vigilando toda la zona de Preciados. Aun así, la cantidad de gente era tan brutal, que era imposible no pensar que cualquier cosa podría pasar.
A pesar de que toda la vía era peatonal, el flujo de gente era constante. De todos los grandes edificios entraba y salía gente constantemente. Había tiendas de todo tipo y la actividad comercial era tan frenética, que se decía que aquella calle de Madrid tenía el metro cuadrado más caro de toda España. Tiendas de tecnología, de ropa, de juguetes, de libros, relojerías... todos hacían su agosto - ¡Mamá, mamá! - gritó Marcos, tirando tan fuerte de su mano, que le costó un trabajo inmenso no soltarle - ¿Nos compras barquillos?
Los puestos ambulantes de barquillos era algo que no podía faltar en Madrid. Aunque eran más frecuentes alrededor de la Plaza Mayor, no podían dejar de estar presentes en la principal arteria comercial de la ciudad. Además, tenían espacio de sobra para situarse, aunque a veces parecía que todo el ancho de la calle no bastaría para contener el tropel de viandantes que saturaba Preciados de una tienda a otra en busca del regalo perfecto para Navidad. No había mejor escaparate para ver lo que significaba realmente la sociedad de consumo. Rosi miró el desorbitado precio de los barquillos, casi asustada del precio. En fin, un día era un día, pensó. No se iba a arruinar por darse caprichos de cuando en cuando. Tampoco lo hacía tan a menudo.
 - De acuerdo. Pero tenéis que compartirlos. Entran 5 en el paquete, así que dos para ti y dos para tu hermano, ¿de acuerdo?
 - ¿Y el que sobra?
 - ¡Me lo comeré yo! ¿O es que no me vais a dejar ni probarlos? - dijo entre risas, pagando al vendedor. - Y no os hinchéis a chuches ahora, que luego no me coméis. Que por mucho que estemos de fiestas, no todo van a ser dulces, ¿eh?
 - ¿Y no podríamos comer fuera por un día?
 - Umm - eso era más complicado, pensó. Comer en el centro de Madrid era un lujo muy lejos de su alcance. Aunque siempre quedaba la opción de algún restaurante de comida rápida, tipo McDonald's o Burger King. No es que la idea le hiciera mucha gracia, era todo comida basura, pero los críos lo disfrutaban muchísimo - Veremos. Según os portéis. Y no vuelvas a tirar de mí, que me haces daño, ¿de acuerdo?
Pagó religiosamente al vendedor y siguieron avanzando hasta llegar al Corte Inglés. Rosi aún recordaba con nostalgia la primera vez que fue a ver Cortylandia. La verdad, había cambiado mucho con el tiempo. O quizás fuera que el recuerdo se había quedado guardado como algo tan maravilloso que cualquier cosa que viviera ahora, le parecería que difícilmente podría estar a la altura. Recordaba perfectamente el pasaje que conducía hacia el lugar, evitando así tener que pasar por la Puerta de Sol. Aquello era el kilómetro cero de Madrid, y en muy pocos sitios de la ciudad se podría ver congregada tanta gente en tan poco espacio. Pero le gustaba tan poco verse entre tal aglomeración, que incluso evitó bajarse en Sol, cuando realmente quedaba mucho más cerca de su destino. Miró el reloj. El primer pase no era hasta las 12:30 y aún eran apenas las 11. Habían llegado muy pronto. Pero los niños estaban tan impacientes, que no hubo manera de tenerlos quietos en casa.
 - Bueno, chicos, aún falta un buen rato hasta que empiecen. ¿Qué os parece si vamos a ver los puestos de la Plaza Mayor? Son algo realmente bonito.
 - ¿No podríamos ver a Papa Nöel primero?
 - Con toda la gente que hay, no creo que haya llegado aún. Pero tranquilos, no nos iremos sin que le digáis qué queréis por Navidad. Pero recordad, que tiene que repartir regalos a todos los niños del mundo, así que pensad que también tiene que dejar algo para los demás. No pidáis más que un regalo cada uno.
 - ¿Solo uno? ¡Es muy poco!
 - Bueno, dos. Uno en casa, y otro donde la abuela. ¿De acuerdo? Y es mi última oferta.
 - De acueeerdooo...
 - Entonces, vamos. ¡A la Plaza Mayor, a ver los puestos! ¡Que ya es Navidad!
 - ¡Siiii! ¡Navidad, Navidad, hoy es Navidad! - cantaron a coro, o lo intentaron al menos - ¡Es un día de alegría, que hay que celebrar!
La Plaza Mayor ha sido siempre un punto de visita obligado a todo aquel que llegue a Madrid, pero siempre luce sus mejores galas en las fiestas navideñas. Toda la plaza se llenaba de los más diversos puestos ambulantes, con toda serie de artículos: desde figuras para el tradicional Belén, adornos para el árbol o artículos de broma para el día de los inocentes. Y en una esquina, el tradicional tiovivo que hacía las delicias de los más pequeños. Cuando lo vieron tanto Marcos como Sergio alucinaron nada más verlo.
 - ¿Podemos dar una vuelta en el tiovivo?
 - Luego. Primero vamos a ver las figuritas, que tenemos un Belén que decorar. Seguro que veis algo que luego os dará una idea genial para hacer en casa.
 - Entonces, ¿este año haremos nosotros nuestro propio Belén? ¿No vas a comprarlo?
 - ¿No os apetece estar toda tarde recortando figuras hechas por vosotros mismos? Así tendremos un Belén original, en lugar de uno hecho por los chinos, igual al de cualquier otra persona, ¿no creéis?
 - ¡Guay! ¡Entonces también necesitaremos plastilina! ¡Quiero hacer un burro!
 - ¡Pues yo pondré mis lego como soldados romanos! ¡Va a quedar genial!
Rosi tenía que tirar de imaginación para poder llegar a fin de mes. Siempre era toda una aventura poder estirar el sueldo. Navidad era uno de los meses difíciles, aunque muchas veces dudaba de que existieran meses fáciles. Como mucho, meses algo menos difíciles. Cosas como limitarles a un único regalo a cada uno en casa o hacer las figuras como manualidades caseras le ayudaban a recortar gastos en aquellas fiestas tan significativas pero tan perjudiciales para el bolsillo. Entre eso, y hacer la cena especial de Navidad en casa de los abuelos con la excusa de ir a por los regalos que hubiera dejado allí Papa Nöel, podía conseguir que la temible cuesta de enero se le hiciera algo más suave.
El tiempo se les pasó volando entre tantos puestos. En cada uno de ellos veían cosas diferentes. Todo cuanto había allí les parecía hermoso y maravilloso. Si se juntaran todas las cosas que allí había, se podría montar el belén más grande del mundo. Rosi miraba cada poco su reloj de pulsera. No era cuestión de llegar tarde al espectáculo. Aunque siempre podrían pasar en la siguiente sesión. Tampoco tenía ganas de tirarse todo el santo día en la calle. Pero la ocasión lo merecía y no siempre podía recorrer Madrid con una relativa calma. En una gran ciudad siempre había que andar con mil ojos. En cualquier momento te podrían robar y entre tanta gente, sería un imposible encontrar al ladrón. O peor aún, que se despistara por un segundo y sus hijos desaparecieran entre el montón de gente. Y ponerse a buscarlos podría ser una labor titánica. Mejor no pensar en ello. No se podía vivir con miedo. Lo importante era disfrutar del momento y aquel era uno de los buenos. Formaban una estampa que irradiaba  felicidad. Ahora podrían ser la envidia de cualquiera que les pudiera estar observando. Y lo mejor de todo, era que lo sabía. Sabía perfectamente lo que tenía y cada día daba gracias a Dios por ello.
 - Chicos, se está haciendo tarde. ¿No queríais a ver lo de Cortylandia?
 - Jo, mamá, que todavía no hemos visto todos los puestos. ¡Y hay cosas muy bonitas!
 - ¡Y tampoco hemos montado en el tiovivo! ¡Tienes que montar con nosotros!
 - ¿Qué dices? - dijo entre risas - ¡Lo rompería! Esas cosas están pensadas para niños, no para gente grande como yo.
 - ¡Qué tontos! ¡Os perdéis lo mejor siempre!
 - La verdad es que razón no te falta, Sergio.
Sí. La vida era complicada y no siempre era pura alegría y diversión. Cada cosa tenía su momento. Había momentos para agobiarse, para trabajar, incluso, para divertirse. El secreto parecía saber cuándo tocaba cada cosa. Aunque aún, dentro de ella, había un rincón de ella en el que seguía siendo una niña pequeña. Un rincón que cada vez era más pequeño, por desgracia.
 - En fin. Un rato más y nos vamos. Que luego lloraréis si se nos escapa Papa Nöel, ¿de acuerdo?
 - ¡Gracias, mamá! - gritaron a coro.
La verdad es que no daban ganas de irse. La Plaza Mayor estaba tan hermosa... De siempre lo había sido, con sus edificios de época, sus soportales, sus bares, el monumento al rey Felipe III montado a caballo... Madrid sabía convertir muchos de sus rincones emblemáticos en algo mágico y encantador. Y de noche, con todas las luces encendidas, daba gusto verla. Lástima que fuera tan ruidosa.
Los minutos pasaron muy rápidamente y llegó la hora de empezar a pensar en volver. La siguiente representación sería a la 1:30 y no era plan de estarse allí eternamente. No sería fácil convencer a los pequeños de dar media vuelta, pero la sola idea de perderse el poder conocer a Papa Nöel, era algo que hizo que fueran ellos los que prácticamente tiraran de ella. La magia de la Navidad les tenía hechizados.
De todas formas, seguían entreteniéndose en cada esquina. Cada cosa que veían les llamaba la atención. Había un hombre que hacía música con copas llenas de agua, cada una de distinta medida. Otro, disfrazado de hombre invisible, creando la ilusión con unas gafas y un sombrero que parecían flotar. Las calles se llenaban de gente que buscaba el modo de ganar unas monedas. Desde los típicos que aparecían pidiendo en el metro diciendo que no tenían trabajo, pasando por los que vendían paquetes de pañuelos en las esquinas, hasta los que trataban de trabajárselo un poco más, tocando algún instrumento, cantando canciones, haciendo malabares o incluso trucos de magia. Los había realmente originales. Y luego estaban los famosos "manteros", que vendían de modo ilegal toda clase de productos. Desde películas pirateadas, a perfumes de imitación o bolsos de dudosa procedencia. Estos andaban siempre ojo avizor para poner pies en polvorosa cuando venía la patrulla.
A paso de caracol, llegaron por fin a Sol, lugar donde cada Nochevieja se hacía el cambio de año oficialmente. Aunque no para toda España. No había que olvidar que en las Islas Canarias llevaban una hora de diferencia.
Aunque recientemente se había restringido el tráfico en la zona, había que seguir teniendo cuidado al cruzar.
 - Chicos, esperad a que se ponga verde. Nada de correr.
 - ¿Y si no llegamos a tiempo?
- ¿Y si se ha ido ya Papa Nöel?
 - No creo. Mirad que tráfico. No se puede ir nadie tan fácilmente. Mirad lo que estamos tardando nosotros.
 - Pero él tiene su trineo y sus renos. ¡Se habrá ido por el aire! ¡No va en coche!
 - Seguro que  ahora dejó a los renos descansar. Tienen que estar fuertes para poder volar toda la noche.
 - ¿Y cómo ha venido entonces?
 - ¡En avión, como todo el mundo! Estos días no tiene tanta prisa, y son muchos sitios los que visitar. ¡Os he dicho que no os soltéis! ¡Haced el favor de estar tranquilos o nos vamos a casa ahora mismo!
Sólo fue un segundo. Puede que incluso menos. Se había girado de espaldas a la calle para tratar de alcanzar de nuevo a Marcos, que se había soltado instantes antes. En ese momento, aprovechando la distracción, un motorista apareció de la nada, se acercó a tan solo unos pocos centímetros de Rosi, agarró la correa de su bolso y salió tan fugazmente como había aparecido, derribando a Rosi de la fuerza del tirón. En un visto y no visto, se había apoderado del bolso de Rosi y de todo cuanto tenía dentro.
 - ¡Mamá! ¡Mamá! ¿Estás bien?
La caída no había sido grave. Por suerte no era una zona con bolardos donde poder abrirte la cabeza. No tardó en comprender la situación. En un instante se había evaporado ante sus ojos el plan de pasar un perfecto día de vacaciones.[\i]

Capítulo 1 - ¡Vacaciones!

Escrito por Dark_Lord el 21/10/2016
Rosi se dejó caer pesadamente en el sillón, prácticamente agotada de otra dura jornada. Miró a la nada, apoyando la nuca en el sillón. Solo vio el viejo techo del salón, al que le hacía falta una buena mano de pintura, los restos de una mancha de humedad y la horrible lámpara de techo que siempre había querido cambiar. Sus bombillas lucían de un modo desigual. Posiblemente alguna estaba a punto de fundirse. Cerró los ojos por un segundo, intentando recordar la última vez que había podido sentarse a descansar tranquilamente y tener un rato para ella. Demasiado tiempo. Demasiado trabajo. Prácticamente había olvidado el significado de la palabra "aburrimiento". Instintivamente, cogió el mando de la tele. Un sábado por la noche tenía que haber algo interesante por narices. Fue saltando de un canal a otro sin encontrar nada de su gusto. Fútbol en uno, anuncios con película entre medias, series sobre oficios en los que te pasabas la vida en el trabajo... No, para eso ya tenía la realidad, pensó. Apagó la tele y se levantó perezosamente del sillón. No estaba acostumbrada a eso de tener tiempo libre. Le resultaba raro estar parada sin hacer nada. Una vez más, asomó la cabeza por la puerta de los cuartos de cada uno de sus hijos. Marcos dormía plácidamente. Aún tenía miedo a la oscuridad, por lo que siempre brillaba una pequeña luz en forma de uno de sus personajes favoritos de dibujos. Crecían demasiado deprisa. Ya pronto dejaría de necesitar que su madre revisara el armario en busca de monstruos. Rosi cerró la puerta tan suavemente como la había abierto. Sus ojos se habían convertido en agudos vigilantes y en un segundo podían ver cualquier cosa que estuviera fuera de lugar. Se asomó igualmente a la de Sergio. Aparte de algún que otro cómic por el suelo, no había nada que llamara su atención. Sigilosamente, Rosi cogió los comics que había por el suelo y los hojeó rápidamente antes de volver a dejarlos en su sitio. Escenas de superhéroes luchando por la justicia y triunfando sobre el mal pasaron ante sus ojos en una fracción de segundo. Se preguntó si al convertirse en madre no habría desarrollado también alguna clase de superpoder. Tenía un súper oído que les escuchaba al momento, súper velocidad para acudir al instante en que la necesitaran y casi invulnerabilidad ante las enfermedades que cogían. Sí señor, ser madre había supuesto un gran reto, y ella no podía sentirse más orgullosa de su pareja, aunque más de una vez la sacaran de quicio.
Cerró la puerta tras de sí y se sentó nuevamente en el sillón. Repasó mentalmente una vez más toda la lista de tareas para asegurase de que no se había dejado ninguna sin hacer. Y por primera vez en mucho tiempo, pudo hacer algo que llevaba mucho tiempo sin hacer: apagó la alarma de su móvil. Y pensó todas las cosas que podría hacer en dos semanas de vacaciones. ¿Cuánto había pasado ya desde las últimas? Ni se acordaba. Lástima no haber podido cogerlas en Navidad, para hacerlas coincidir con las vacaciones escolares. Habría que pensar cómo arreglárselas entonces. Pero aún faltaba mucho para eso y no quería pasar esos días agobiándose por adelantado. Volvió a encender la tele y la dejó en una de esas películas románticas en la que todo era perfecto. Nada que ver con la cruda realidad. ¿En qué mundo vivirían los que escribían ese tipo de historias? Tal vez, fueran así de irreales aposta. Una forma de evadirse del mundo real y soñar con un mundo mejor. Una simple continuación de los cuentos que a veces les leía a sus hijos. Con la diferencia de que casi todos esos cuentos tenían su moraleja y podías aprender algo. Sin embargo, ¿qué se podía aprender de esos culebrones televisivos? ¿Que cuando abrieras la puerta, de repente aparecería el príncipe azul a solucionarte la vida? Chorradas. Los príncipes azules no existían más que en los cuentos. Los hombres sólo pensaban en sí mismos. No sabían lo que significaba amar.
Apagó nuevamente la tele. Sin querer, le había vuelto a despertar aquel doloroso recuerdo que trataba de olvidar. Ya hacía demasiado de aquello y todavía dolía demasiado. Se esforzaba demasiado en parecer fuerte. Tenía que ser lo por sus niños. Pero hay heridas que tardan mucho en cicatrizar. David la había destrozado tanto que no podía olvidar. Lloró amargamente. ¿Por qué? ¿Por qué abandonó a su familia? ¿Por qué no pudo ser un padre ejemplar y un marido fiel? ¿Tanto le aterraba la idea de la responsabilidad? Al principio, trató de perdonarle sus continuas infidelidades. Pero no pudo aguantarlas eternamente. Ni siquiera pestañeo cuando se lo echó en cara. Casi hasta parecía aliviado de verde descubierto. Hizo las maletas y se fue con viento fresco, a vivir con su sexy secretaria de 21 años.
- ¡Basta! - gritó Rosi - No puedo seguir así. La vida es dura, cierto, pero no puedo centrarme sólo en lo negativo o terminaré volviéndome loca. A pesar de todo, aún tengo dos buenas razones por las que seguir luchando. Dos magníficas razones por las que dar gracias. ¡Tengo que olvidarme de una vez de ese cerdo!
Intentaba hacer que estaba bien. Hacía como si ya hubiera superado todo aquello. Pero aún dolía. Algo se había desquebrajado en el fondo de su ser. Su corazón había sido maltratado, pisoteado, destrozado... y solo lograba curarlo poco a poco con el amor que sentía hacia sus pequeños. Sí, eso sí que era amor verdadero. No había mejor medicina para un corazón roto. Quizás, algún día, también sería capaz de perdonar y olvidar. Pero aún no. Aún no.
El sonido de la melodía del móvil la ayudó a disipar toda aquella maraña de pensamientos. ¿Quién podría ser a aquellas horas tan intempestivas? Miró con desgana el teléfono que se iluminaba en la pantalla de su Smartphone. Un número de esos enormemente largos, que suelen ser de alguna enorme centralita.
- Por favor - masculló - que no sea de la oficina. - pulsó finalmente el botón de descolgar, mientras cerraba los ojos a la espera de alguna mala noticia. Seguramente otro cambio de turno y nueva ocasión de tener que mandar sus días de descanso a la porra - ¿Sí?
- Buenas noches. Le llamo de su compañía telefónica para mejorar su calidad de servicio y ofrecerle la fibra óptica, con 100 canales de televisión. ¿Le interesa?
Colgó directamente. No tenía ganas de discutir con la señorita del otro lado de la línea. Ya le había dicho en repetidas ocasiones a su compañía que no quería ni más cosas, ni nuevos móviles, ni nada de nada. Si por ella fuera, se comunicaría con el mundo a base de señales de humo para no tener que aguantar a los cansinos de su operadora. Daba igual que te enfadaras y que les dijeras que hicieran el favor de no molestarla. O, al menos, de llamarla a unas horas normales. No en mitad del trabajo o cuando se iba a dormir. Pero era una batalla que había perdido hace mucho. Total, ¿qué ibas a hacer? ¿Denunciarles? ¡Ja! Con lo lenta que iba la justicia en España, tendría suerte si arreglaban algo antes de que sus hijos se jubilaran. ¿Cambiar de compañía de móvil? Tampoco. Iban a ser tan pesados como el resto. ¿Vivir sin móvil? En los tiempos que corrían, no era una opción muy viable. No. Ya directamente decía que no a todo o colgaba directamente. Ya se cansarían algún día. O eso le gustaba pensar. En el fondo, no creía que cayera esa breva. No iba a tener esa suerte.
No era la primera lucha que tenía con la compañía del teléfono. Ya tuvo que presentar una reclamación por escrito a causa de lo que ella consideraba publicidad engañosa. Había veces que llamaba a conocidos suyos que, al parecer, tenían algo parecido a un buzón de voz, donde podías dictar un mensaje para que se le enviara. A pesar de que en la publicidad le vendían tarifa plana de voz con SMS ilimitados, esos mensajes se los cobraron aparte. Si eran SMS igualmente, ¿Cómo era que no venían incluidos en su tarifa? Tras dos llamadas al teléfono de Atención al Cliente, 15 minutos mínimo de espera saltando de contestador a contestador, y pelearse con operadoras que no tenían la culpa de nada y que no hacían más que decirle que aquello no era una ONG y a ver si se creía que todo se lo iban a regalar, decidió reclamar por escrito a través del formulario Web. Nunca más supo nada del asunto. Las compañías sabían perfectamente que nadie iba a perder tiempo en reclamar lo que sumaban apenas un par de euros mensuales. Escribir a Consumo, denunciar... todo eso costaba tiempo y dinero, y a ningún particular le compensaría jamás. Pero unos euros de uno, otros pocos de otro... si sumabas todos sus clientes, seguramente sacarían una buena pasta de todas aquellas trampas que inventaban para sacarle dinero a la gente. Y luego se extrañaban de que, una vez acabada tu permanencia, te buscaras otra compañía. Aún recordaba con asombro los primeros meses que empezó a usar internet en su teléfono. Como no tenía ningún tipo de tarifa plana, llegó a pagar más de 60 euros los primeros meses. Nadie la llamó para ofrecerle una tarifa mejor. Pero desde que cogió la tarifa plana más económica que pudo encontrar, cada pocos meses había una llamada que trataba de convencerla para pasarse a una tarifa mejor. Por supuesto, mucho más cara y con cosas que nunca usaría. Eran unos ladrones. Solo les faltaba la pistola.

Se cansó finalmente de tanta tontería. No tenía ganas ni de tele, ni de discutir con nadie, ni de nada. Solo quería descansar. Las jornadas le resultaban maratonianas. Ser madre trabajadora era realmente agotador. Y más sin nadie con quien compartir la carga. Bueno, la verdad es que siempre podía recurrir a sus padres, pero procuraba evitarlo. No era por que tuviera una mala relación, más bien era todo lo contrario, pero a veces le quedaba la sensación de estar abusando demasiado. La sociedad parecía ir avanzando en esa dirección, con tantas horas en los trabajos, no se tenía apenas tiempo para estar con los hijos. Al final, o les apuntabas a infinitas actividades extraescolares, o tirabas de abuelos. Ella había conseguido algo intermedio y casi se las apañaba sola, haciendo una jornada intensiva en la oficina, aunque la recortaran en sueldo. Y por mucho que quisieran vender una imagen de igualdad, de conciliación entre vida laboral y personal, sabía que estaba muy mal vista. No solo por sus jefes directos y por la directiva en general, también por sus propios compañeros. En el fondo, más de uno envidiaría tener una jornada así. Pero también tenía su precio a pagar. Aunque nadie lo admitiría jamás. Ni hartos de vino.
Se metió en el baño con la idea de meterse una buena ducha antes de irse a dormir. Se desnudó casi sin darse cuenta, en modo automático, como hacía la inmensa mayoría de las cosas. Pero antes de terminar de quitarse toda la ropa, observó su propia imagen en el espejo. Una primera visión superficial se habría quedado con la cara de stress, llena de arrugas, víctima de un esfuerzo sobrehumano para conseguir salir adelante con la que estaba cayendo. Pero ella se sonrió, con cara de satisfacción. Ella veía lo mucho que, a pesar de las dificultades, había conseguido.
- No estas nada mal, para la edad que tienes. Has criado dos hijos casi sola, pero aún estás bastante buena - dijo, echándose a reír.
¿Qué importaba estar buena o no? Ella ya había tenido bastante de los hombres. Se había quedado más que servida. Ahora, solo había dos chicos en su vida, y no necesitaba a más. Pero, aun así, le gustaba poder verse hermosa y sonreírse frente al espejo. Ya no era aquella preciosidad adolescente por la que se peleaban los chicos en el instituto, pero seguía teniendo cierto atractivo. Cierto que muy pocos hombres la invitarían a salir sabiendo que tenía dos hijos en ristre, pero no lo necesitaba. El único aprobado que necesitaba tener, en cualquier aspecto, era el suyo propio y el de sus dos soles. Ese lo había conseguido hace ya mucho tiempo. Y con eso se bastaba y se sobraba.

Mucho más que un HYATUS

Escrito por Dark_Lord el 06/10/2016
Esto creo que no será una sorpresa para los pocos lectores de este cómic que queden aún vivos, pero lamentablemente JaviM no podrá seguir de dibujante de este cómic. La vida es complicada, son cosas que pasan y por email me ha dado su beneplácito para ofrecer la historia a otro dibujante. Pero yo planteo varias opciones. Me gustaría saber cual veis mejor:


1-Si alguno os animais, presentaros como dibujante alternativo de esta historia.
2-Pasar a dibujarla yo mismo. Sería un formato distinto, a bic negro o a pilot, plan tiras cortas autoconclusivas (si no, mi ritmo de actualización sería horroroso, aún con esto, a ver cuanto me llevaría cada tira, con mi escaso tiempo libre), como Mafalda o Snoopy.
3-Reciclarla como novela para el NaNoWriMo (a fin de marcarme un plazo breve y no tenerla otros 10 meses en HYATUS).
4-Olvidarme de esto y seguir con los dos proyectos que ya tenía.

No os digo mi preferencia (bueno, vale, es la 1, pero eso no va a ocurrir) para no influenciar en vuestras opiniones.

¿Qué hacemos con Belladona?

Escrito por Dark_Lord el 29/12/2014
Bueno, esta Navidad he tenido dos noticias relacionadas con la historia de Belladona. La primera, por orden cronológico es que no conseguí clasificar el guion en el concurso de animación que comenté hace unos meses. Al parecer, la simple elección de los tres finalistas ha sido muy complicada, ya que se terminó retrasando casi 2 meses. Pero no me importa mucho, ya que me sirvió para 2 cosas muy importantes: reescribir el guion y conocer a la musa Dorcas.
La segunda, es el pedazo regalo que me ha llegado de parte de Lebgar con motivo del Intercambios Navideños en Subcultura. ¿No es precioso?

arte_37275.jpg

Así que, viendo ambas noticias, y dado que JaviM lleva mucho tiempo sin entrar ni siquiera a sub, quiero preguntaros si hay algún interesado en dibujar las páginas que quedan. No, no serían las 24 restantes del NaNoWriMo, sino un guion algo más reducido. A petición de Krugos (que va recopilando guiones de medio mundo), lo subí aquí. Si hay algún interesado, os quedaré eternamente agradecidos. Raramente quedo tan enamorado de algo que he escrito yo, y lamentaría muchísimo que esta historia se quedase sin completar.
Muchas gracias por leer y feliz año.

Belladona no ha muerto... aun

Escrito por Dark_Lord el 19/09/2014
Sé que no tenemos noticias de este proyecto desde hace tiempo. Con JaviM sin aparecer por subcultura (según me comentó Lograi, está hasta arriba de trabajo) esta historia se quedó sin dibujante y parecía condenada al olvido. Pero no, señoras y señores. Aprovechando el parón, reescribí el guion (por tercera o cuarta vez, ya perdí la cuenta) ya que, como estaba escrito deprisa y corriendo por las fechas de entrega del Nanowrimo de tebeos, era muy mejorable. Especialmente, la parte del final, que era un poco lamentable (culpa mía, no me documenté lo suficiente ni lo preparé bien).
Sin embargo, esta ha sido de las historias que luchaba en mi interior por volver a salir, así que la he inscrito en un concurso de guiones, con la esperanza de ganar y ver esta historia como corto de animación (más información aquí) esta última semana he estado puliendo todos los detalles y recopilando toda la documentación necesaria, concluyendo esta mañana con la inscripción de este guion en el Registro de la Propiedad Intelectual y el envío de mi participación por correo certificado, con Dorcas como testigo de excepción (gracias por tu compañía, querida musa).
Así que solo queda esperar, con la esperanza de que esta historia conquiste el corazón del jurado.

P.D.: Casi estuve a punto de abandonar la idea de participar por lo que me querían cobrar ciertos despachos legales de Madrid por hacer toda la gestión de inscribir la obra en el Registro. Entre 340 y 500 € por hacerme todas las gestiones, cuando en total no me he gastado ni 30 € en todo (incluyendo la impresión de las copias del guion y el envío del mismo por correo certificado). Panda de ladrones...

Heroes de subcultura, uníos!

Escrito por Dark_Lord el 06/05/2014
Pues a todo esto que el art-jam de este mes me llama mogollón, así que he decidido (por de pronto) que se merece un dibu que llene todo un A-4, cosa que no hago desde que le mande esta tira para JunRoZ y su comic LDQ-Hojas Rojas. Y son 3 meses los que han pasado, ahí es nada. La pega, es que no tengo ningún proyecto vivo más que El caballero oscuro que aparece cada cierto tiempo y Belladona, que entre que ya es de superhéroes y que lleva un mes parado, pues como que no me da juego...
Así que he decidido convocar un concurso: El Superdibujo del Super Grupo de Dark_Lord. La idea es simple, todo el que quiera participar, sólo ha de proponer qué personaje quiere que dibuje, dejándome un poco libre la forma de trnsformarlo. Y juntar a todos los que pueda en el mismo folio, con mi super boli. ¿Alguien se anima? Pues demos paso a las reglas.

1 - Han de ser personajes propios

Si eres Ensis no podrás proponer a ningún personaje de [webcomic]hobbit[/webcomic]. Si eres mariods o Ovi-One, no podrás presentar a nadie de Mortadelo & Filemón - Agencia de suplantación.

2 - Tienen que haber aparecido en subcultura en algún momento a lo largo del presente 2014

Por favor, nada de comics muertos, gracias.

3 - No pueden ser ya superhéroes

No sé si es una norma del Art-Jam, pero es que pierde gracia. Y no me hagáis pensar en poderes diferentes. Lo siento por El Hombre Sin Forma o Belladona.

4 - No garantizo nada

Me reservo el derecho de no hacerlo, más que nada por si no se me ocurren ideas, el boli no tiene ganas de escribir o tengo más peticiones de las que espero. Recordad, que mi estilo es más bien malo.

5 - Fecha de presentación de solicitudes

Aceptaré peticiones hasta la medianoche del 14 a 15 de mayo. En principio, mi idea es aprovechar la fiesta de San Isidro para hacer esto. Pero veremos como pinta la cosa.

¿Nanowrimo de tebeos?

Escrito por Dark_Lord el 26/02/2014
Hace un par de meses, Lograi lanzó un desafío por el foro proponiendo a los dibujantes la idea de hacer un cómic de 30 páginas en tan solo un mes. Para hacerlo más divertido, se organizaron equipos guionista-dibujante para ir madurando la idea, los personajes, la historia... Me emparejé con JaviM y empecé a escribir una historia de superhéroes a la española, porque nunca me había atrevido con el género de superhéroes.
Tiene puntos con los que me he divertido mucho, aunque casi he tardado 2 meses en tener el guión entero y, la verdad, no es de mis mejores trabajos. El final creo que es mejorable, aunque viendo como quedan los bocetos, la situación de la historia... hay ciertas páginas con las que me meo.
Por suerte, hemos tenido tiempo para escribir la historia y demás. Francamente, si tuviera que meterme a la aventura ahora, dejaría pasar la oportunidad.
En fin, os dejo con una pregunta: ¿cómo nace un héroe sin poderes? ¿Cuáles son sus inicios? ¿Y cuales las dificultades a las que se enfrenta? Porque a ello, nos responderá Belladona con un humor quizas demasiado ácido y amargo.
En fin, os espero este mes de marzo en compañía de JaviM en Belladona.